HISTORIAS MÍNIMAS DEL FÚTBOL EN MEDIO DEL “AMARILLO” DEL COVID-19
- María Fernanda Cuadros
- 26 jul 2020
- 3 Min. de lectura
La mañana del miércoles 10 de junio, Carlos Garcés se despertó más temprano de lo que era habitual desde el 18 de marzo, cuando no pudo volver a entrenar con su equipo porque el país había entrado en la etapa de confinamiento provocado por el coronavirus.
Besó a su esposa y a su hija, y salió rumbo al entrenamiento en Los Geranios, en donde queda el complejo del actual campeón nacional.
Allí, otros 27 jugadores se presentaron a las prácticas de una forma atípica: no fueron al camerino como solían hacer dos meses atrás, sino que sin bajarse de sus carros se les realizó las pruebas del covid-19 metiendo un hisopo por las fosas nasales. “Es molestoso pero necesario, pero lo más importante es estar tan cerca de volver al fútbol”, señaló Garcés.
Ese día, no hubo entrenamiento. El viernes, dos días después, llegaron los resultados: “Nadie salió positivo, una muestra que los jugadores se cuidaron,” dijo orgulloso el médico del club, Jefferson Pihuave.
En el otro equipo de la ciudad, el Manta FC, la situación fue similar: ningún jugador con covid-19.
Manta pasó a “amarillo” el 10 de junio. Así lo decidió el COE cantonal. En el amarillo, los entrenamientos del fútbol profesional están permitidos. No así el fútbol amateur.
En el barrio Perpetuo Socorro se acostumbraba a poner dos arcos sobre el asfalto y a jugar con una pelota de indor. Dos semanas antes de que se cambiara de color, los adolescentes del barrio ya habían roto las reglas: cansados de descansar, según dijeron, colocaron los dos arcos y que “sea lo que Dios quiera”, dijo Juan Sánchez, uno de los jugadores.
Es una realidad que vive la ciudad: aunque hay restricciones para la práctica del deporte, hay ciudadanos que las incumplen sobre todo en los barrios, acostumbrados al fútbol en la calle en el que solo se necesita un par de arcos, muchas veces de piedra, para jugar a la pelota.
David Michelena encontró una nueva pasión en la cuarentena: la bicicleta. Cuando se dio cuenta que era permitido su uso para movilizarse en la ciudad, entonces cayó en cuenta que la línea entre la práctica del ciclismo como deporte o como transporte era demasiada

delgada. Entonces decidió pedalear los fines de semana con un grupo de amigos.
En un local de venta de bicicletas ubicado en el centro comercial La Quadra, su dueño, Juan Macías, dice que la venta de las “bicis” no ha estado mal a pesar de la crisis. “Ahora que podemos abrir vienen clientes al local, antes mantuvimos la venta a domicilio y nos fue bien. Pudimos mantener el negocio a flote”, señaló.
Si uno da una vuelta por la ciudad, sobre todo hacia las vías que conducen a la zona rural de Manta, se encuentra a diario con decenas de pedalistas. David Michelena es uno de ellos. “Es raro y contradictorio, los supermercados, bancos, están abiertos, mientras que practicar deporte al aire libre, que fortalece el sistema inmune, está prohibido; yo creo que debemos aprender a adaptarnos a esta nueva normalidad”, dijo Michelena.
En Manta hay más de 500 casos positivos de covid-19. Las autoridades, como el alcalde Agustín Intriago, han promulgado un discurso de responsabilidad ciudadana. “Todos somos responsables de mantener el covid a raya”, ha dicho. Desde las cuentas municipales se pregona la campaña “Alta Conciencia”.
Lo cierto es que, el deporte, más que en amarillo, parece estar en verde.



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